Gنardianes de la Fe | “Esta es nuestra iglesia, ¿cómo vamos a dejarla en manos de estos demonios?” Luqman
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“Esta es nuestra iglesia, ¿cómo vamos a dejarla en manos de estos demonios?” Luqman

Foto: Javi Carreras

Cuando todos huían de lo que parecía una muerte segura, Luqman Duna y unos pocos hombres más decidieron quedarse. Eran los guardias de la ciudad de Bartela, civiles cristianos dedicados a la protección de la ciudad y sus templos.

JAUME VIVES VIVES/-Bartela es una ciudad cristiana cercana a Qaraqosh. El 6 de agosto de 2014 murió. Ya no vive ningún cristiano en Bartela, está vacía, bajó control del Daesh.

A primera hora de la mañana la gente empezó a huir ante los rumores de que Estado Islámico iba a tomar la ciudad. Muchos huyeron después del atentado que hubo por la mañana en Qaraqosh y que mató a 2 niños y a una chica joven.

Los todoterrenos que huían de la ciudad iban cargados hasta los topes con mujeres y niños. Por la noche ya no había nadie por las calles, solo quedaban unos pocos guardias y algún sacerdote. La resistencia. Los últimos de Bartela.

El Padre Ammar fue donde se encontraban los guardias y les dijo que tenían que marchar, que el lugar ya no era seguro. Eran las doce de la noche. Había hecho varios viajes a Erbil para acompañar a familias y no veía nada clara la situación, estaba muy confundido.

Luqman le dijo: “Esta es nuestra iglesia, ¿cómo vamos a dejarla en manos de estos demonios?”.

Fue entonces cuando el P. Ammar tuvo que tomar una decisión y dijo: “Mientras vosotros sigáis aquí yo estaré con vosotros. Si sobrevivimos, sobrevivimos todos, y si morimos, morimos juntos”.

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Foto: Javi Carreras

A las dos de la madrugada estaban todos en una casa, Luqman se levantó y cogió café de la nevera. Preparó un poco para todos los que estaban allí, y con un coche lo repartieron también a todos los guardias que había en los diferentes puntos de control de la ciudad. Unos 100 en total.

El. P. Ammar recuerda con una sonrisa ese momento, le descolocó que en un momento de tanta tensión y nervios a Luqman no se le ocurriera otra cosa que preparar café para los guardias. Él estaba muy tranquilo. “Sé que Dios nos iba a proteger y no nos dejaría” dice Luqman.

La situación dio un vuelco de 180º cuando llegaron noticias de que los Peshmerga habían abandonado la entrada a la ciudad y se habían retirado. En ese momento entendieron que la llegada de Estado Islámico era inminente. Eran las 3 de la madrugada. Se repartieron en diferentes coches y los últimos de Bartela dejaron la ciudad.

“Mientras huíamos el ISIS nos disparaba. Había un enorme atasco de coches cuando llegamos a la encrucijada con la carretera que venía de Qaraqosh. El Padre Ammar se pusó a grabar con el móvil y de repente un misil Grad cruzó el cielo por encima de nuestras cabezas” dice Luqman.

El trayecto de Bartela a Erbil es de 45 minutos, ese día tardaron más de 12 horas.

Luqman, triste, nos dice: “Hemos perdido el sentido de país. Los cristianos llevamos aquí más de 2000 años y los que no están echando de nuestra tierra no son enemigos extranjeros, son nuestros propios vecinos que se han unido al Estado Islámico”.

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